Encontraba que para un ser tan racional como yo los impulsos son mucho más valiosos que cualquier plan que yo pudiera hacer. Los primeros venían de algún lugar remoto y honesto de mi ser, mientras que los otros se terminaban mezclando y contaminando en una interminable retahíla de excusas e imposibles que sólo me dejaban tumbada en la cama día a día incapaz de hacer nada.

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