Por mi crianza tengo una manera cruel de ver el mundo, que contrasta con lo que me gustaría ser. Quiero ser amable, creo que soy amable, pero no puedo evitar pensamientos malos sobre las personas, sobre sus acciones, soy juzgona y crítica.
Creo que no es posible que alguien sea completamente "bueno" y "puro", y lo valioso es que no me quedo con el primer pensamiento que viene a mi mente, lo critico y elijo lo que quiero elegir. Entiendo eso, entiendo que hay que aceptarse, pero siento que esa parte de mí es la más real, la más constante, la más estable. Siento que así es mi ser y que nunca va a cambiar, siento que las bases de mi mente y mi corazón están cimentadas en cosas no muy agradables y es un peso enorme en mi existencia.
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