Era como si cada vez que conociera a alguien, no pudiera estar tranquila hasta sentir un determinado click, es decir, un punto de conexión que considerara más o menos estable. Anterior a ese estado de engranaje, lo único que podía hacer era representar un papel, o ni siquiera eso, si no simplemente dejarme llevar por una especie de piloto automático repugnante e imparable que representaba un gran pesar para mí, en el cual sonreía y contestaba con palabras tan alejadas a mi "real" personalidad que no podía evitar temblar una vez que la compañía se había terminado. 

O en el peor de los casos, mi única respuesta hacia mi interlocutor se traducía en caer en una parsimonia en la que ningún estímulo externo era capaz de conseguir una respuesta en mí. Mi ''real personalidad'' era algo que, sin embargo, resultaba ajena e inalcanzable incluso a mí misma. Me encontraba a veces caminando por la calle, diciéndome a mi misma "después de todo soy una persona solitaria, no tolero la presencia humana", tratando de grabar a fuego esta impresión para asegurarme de no olvidarlo luego y encontrarle sentido a mi comportamiento, cosa que quizás parecería innecesaria ante tan grande obviedad, pero en mi cerebro disfuncional, hasta las obviedades se tornan difusas y desaparecen de la vista cuando más se las necesita.


¿Por qué simplemente no puedo ser como soy? ¿Por qué me obligo constantemente a ser el ser humano que se supone que debiera, siendo que nadie más se hace estas exigencias?
A pesar de mi pánico hacia la humanidad, si me veo enfrentada a una conversación con alguien tímido, soy yo quien toma las riendas de la conversación, haciéndome parecer un ser histriónico y vacío, alguien de palabra fácil ¡cuán lejos de la realidad! desearía ser capaz de formular en palabras el asco y el odio que me produce esta actuación. ¿Por qué no puedo permitirme callar, aceptar mi naturaleza silenciosa? Muchas veces en mi vida estudiantil y laboral se me ha preguntado, ante alguna tarea en específico: "¿Pero crees que podrás hacerlo?" A lo cual simplemente no sé qué contestar. Si me mandas, lo voy a hacer, no hay cuestionamientos. Haré todo lo posible, aunque me destruya en el proceso, pero debes saber que no controlo las leyes de la entropía, si algo falla y está más allá de mis posibilidades, ¿cómo te voy a decir que estoy absolutamente segura de lograrlo aunque me lo ordenes? y parece increíble que dos ideas tan contradictorias surjan en mi cabeza en menos de un segundo y lleguen a una conclusión que simplemente me deja sin palabras, sin tener idea de qué decirle a este ser humano para hacerlo partícipe de mi mundo, o mejor dicho, para hacerle creer que participo del suyo, por lo cual, ante cualquier tarea la respuesta es sí. Sí aunque muera, sí y siempre sí.

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